







Fue de Silvia Crespi, la magnífica idea de celebrar la tarde de un sábado con cuentos. Entonces hicimos correr la voz y enviamos mensajes plegados en palomas de papel...
En fila india fueron llegando los niños con aspecto de adultos a ocupar sus sillas.
Vinieron buscando una golosina que no se compra en los quioscos.
Y entonces, Silvia, con voz hospitalaria, bautizó el silencio con una historia de abuelas para iniciar el juego de la oralidad.
Como en una rayuela, el turno al cielo fue después para Viviana Rrini, que nos hizo saltar a un mundo de espejos y cirujanos plásticos.
Del grupo Vivircuenta, María Isabel Oliva nos hizo vibrar mientras tragaba lluvia con la boca abierta hacia el cielo y nos conmovía.
Y de un salto, Irma Varela nos regaló su historia en 3D con efectos especiales y todo.
María Eugenia Laguingue cerró la primer ronda y nos dejó el corazón manchado de tiza mientras veíamos a Nostálgico salir del bar con su mujer dibujada.
La música acarició el intérvalo en la voz de Luis Cutró y Eduardo Almada.
Afuera, garuaba finito.
Y nosotros, en el café, retozábamos sobre una alfombra mágica con los sentidos enjuagados, con el corazón transparente.
Las narraciones continuaron y Rosa Brunner nos llevó de viaje por una búsqueda existencial...
La tarde olía a medialunas.
El café sabía a meriendas sobre manteles de hule, cuando los pies no nos llegaban hasta el piso sentados en la silla de la infancia....
Y como broche de oro, Carlos Bizikyan y Lolo Masgoret interpretaron a Serrat, a Víctor Heredia y a Miguel Cantilo. Un cierre de lujo para un sábado mágico.
Gracias a todas las narradoras que vinieron de Córdoba y a Silvia que no entraba dentro de su sonrisa.
A la gente del Paseo Nicolasa que nos presta el espacio para cada locura.
A los seguidores y partícipes por el oído, por el respeto, por el aplauso.
A la vida, por permitirnos disfrutar de estos sucesos...